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M-008 20.3.17

Posted by Migsar in Vida.
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A casi un año de estar en Monterrey e querido hacer una recolección de mis experiencias. No pretendo conocer todo, ni siquiera la mayoría de la ciudad y sus habitantes, sólo es un recuento de las impresiones que he tenido desde que llegué y de cómo me siento en tierras regias.

La ciudad es muy bonita, creo que haber vivido hace 100 o 200 años aquí habría sido vivir en el paraíso, yo no me imagino un paraíso eternamente soleado, ni me gustaría, me imagino un paraíso verde y lleno de vida, las montañas, los árboles, la humedad que se respira, y lo poco que queda de todo eso, me hace pensar que debió ser increíble. Es impresionante despertarse y ver las montañas, saber que el clima siempre tiene sorpresas y ver las mil formas en que juega la luz entre los riscos y las nubes… en los días despejados, debido a la voluble topografía se puede ver fácilmente la inacabable extensión de la ciudad, en los días nublados se disfruta ver las luces en las laderas y pensar que la ciudad no es más que un centenar de casas. Sin embargo, no estamos en otros tiempos y la ciudad sufre de los males que aquejan a todas las ciudades, al final, la mayoría de las veces, resulta imposible disfrutar esa belleza más allá de algunos recuerdos congelados en el transcurso de un día ajetreado. Se empieza a mezclar la ciudad con su gente y no es posible hablar de la una sin la otra, sin embargo, intentaré seguir con la ciudad en este párrafo y abordaré la gente en el siguiente, quizá porque siempre me sucede que me enamoro más de los lugares que de la gente que los habita. Las formas de la ciudad han heredado mucho de su época y su geografía, aunque se respira la mexicanidad en cada calle, los trazos generales algunas veces parecen una mala copia del urbanismo americano, entiéndase, estadounidense. La ciudad no está pensada para los peatones, no es el clima, simplemente no fue parte del plan, existen espacios verdes distribuidos en toda la ciudad, pero no es fácil llegar a ellos, tampoco es fácil estar en ellos, son espacios de paso que no se plantearon para ser habitados sino para ser admirados, no costaría mucho en una ciudad rica poner algunos asientos o crear un poco de sombra, pero eso podría hacer que los visitantes indeseados prolonguen su estancia, uno disfruta de esta ciudad desde la ventana del coche, más allá del casco antiguo el peatón no forma parte del imaginario de la ciudad y habría que reflexionar sobre quiénes se espera ver en el casco antiguo. Existen estilos arquitectónicos muy variados y debo decir que disfruto mucho más las construcciones viejas que las modernas, los nuevos desarrollos son prácticamente casas de interés social para una clase no tan baja y las construcciones nuevas siguen siempre las tendencias internacionales, lo cual no es necesariamente un elogio.

La gente me gusta más que en otros lados, es alegre y decidida, y va por la vida sin darle muchas vueltas a las cosas, me han tratado muy bien, más allá de tener que acostumbrarse a ciertas convenciones, como sucedería en cualquier otro lado, creo que en general los regios son honestos y trabajadores, y lo curioso es que aplica para el gran porcentaje de gente de otro lado que vive aquí, curioso porque como reza un dicho, uno termina por actuar igual que el resto, olvidando muchas veces los estereotipos que se tienen sobre los habitantes del lugar de origen, Monterrey tiene una bonita mezcla entre ciudad y pueblo, las dimensiones de una ciudad y la calidez de un pueblo, aunque eso también implica cierto recelo hacia los forasteros, que muchas veces creo que se malinterpreta como frialdad u hostilidad. Dicen que los regios son muy directos, creo que depende mucho del aspecto que se discute, tal vez les gusta decir las cosas rápido, pero lo asociaría más con una economía de lenguaje, rápido no siempre es directo, como en todo México, hay cosas que no se dicen y los modales, usos y costumbres cuentan mucho, es una sociedad extremadamente religiosa y muchas de las convenciones sociales se rigen por principios cristianos, lo que nos puede chocar (en términos de enfrentamiento, no de molestia) a los que venimos de la Ciudad de México, además de que puede resultar sorpresivo pues se asume, quizá sólo yo, pero no creo, que los indígenas son los que están cegados por la religión y Monterrey y el norte en general, son conocidos por una menor población indígena. Otro de los grandes males de Monterrey es que se trata de una sociedad muy estratificada y clasista, aún partiendo de que es un problema común en las sociedades humanas y bastante notorio en lationoamérica, en Monterrey es todavía más notorio, y volviendo a la parte de ser directos, este es uno de los secretos a voces que tiene la ciudad, todo mundo lo siente pero nadie dice nada, y más que combatirlo uno simplemente decide en que lado se pone, la tercera vía, que fue la que decidí elegir yo, es hartarse y mandar a la chingada a todos, ser amable, ser educado pero no intentar establecer vínculos más profundos con nadie. Finalmente, quisiera decir que la mentalidad emprendedora y la cuestión industrial aquí es, en una palabra, un mito, en ese sentido la ciudad vive del pasado, no quiero decir que no haya industria, quiero decir que no es el polo de desarrollo que fue alguna vez, como mencioné antes, creo que los regios son muy decididos y prefieren actuar que planear, y es una cualidad que admiro mucho de la gente de aquí, sin embargo, han caído en el mismo juego que el resto de la república y la mentalidad innovadora no es algo que sobresalga, los mexicanos somos consumidores, no productores, sí, regios incluidos, aunque les duela.

Como epílogo, debo de decir que en algún momento pensé en establecerme semi-permanentemente aquí, es una ciudad que disfruto mucho y que no puedo dejar de amar por sus montañas, su naturaleza y su gente; en este momento no pienso lo mismo, quiero hacer negocios aquí en la medida de lo posible y espero volver seguido para ponerme al día con varias y muy buenas amistades que he adquirido, pero estoy ansioso de irme a otro lugar que se ajuste más a mi modo de pensar. Y para que quede claro, entre el D.F. y Monterrey escogería Monterrey cualquier día y sin pensarlo, afortunadamente quedan muchos lugares por conocer.

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