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Depresión, sexo, amor y otras libertades 05.1.14

Posted by Migsar in Vida.
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¿Dónde comienza la depresión? Es difícil precisarlo y más difícil explicarlo a gente que no la ha sentido, no es como hablarles de otro idioma, que a fín de cuentas hace ruido aunque no se comprenda, sino hablarles de un sentido nuevo y completamente ajeno a ellos, quizá sería como un murciélago intentando explicarle a un ser humano como localizar mediante el radar acústico que poseen. Primero, la depresión no es tristeza, ni tristeza extrema, es algo más, sutílmente parecido pero completamente distinto, es algo más profundo e intenso, nace desde un lugar menos racional que la tristeza. Estoy convencido de que hay varios tipos de gente, y así como algunos están genéticamente predispuestos a enfermedades o a dones, otros tenemos una fuente más profunda para ciertas emociones, no creo que sea algo metafísico, ni creo que sea una diferencia notoria físicamente, creo que es el cómo y no el qué lo que hace esta sutíl diferencia. Entonces, intentarlo explicar a alguien que no lo siente es como hablarle a la pared, sin ofensas ni intenciones ocultas, una verdad simple y tajante. Pero como algunas veces es divertido hablar a solas por desahogo, y otras más como simple provocación, escribiré una que otra idea en las próximas líneas.

Mucha gente no entiende lo que es morir o matar por amor, creen que es una mera libertad poética, yo tengo otra idea y tengo dos casos que lo apoyan, obviamente existen muchas razones racionales para tener un punto de vista diferente al mío pero, por favor, si nunca han considerado el suicidio u homicidio como una idea tangible absténganse de comentar.

Existió un sujeto llamado William S. Burroughs que curiosamente se encontraba en México en 1951 con su chica, llamada Joan Vollmer y algunos amigos, en uno que otro libro dicen que este sujeto asesino a su esposa accidentalmente, lo cual suena descabellado, pero al ver las circunstancias tiene mucho sentido, estaban jugando a Guillermo Tell arriba de un bar de la Roma Norte y lamentablemente su puntería no fue tan buena como creyó. Por otro lado, en el 2001 un sujeto alemán llamado Armin Meiwes se vió con un tipo, Bernd Jürgen Armando Brandes, que había respondido a un anuncio muy particular de internet, en el que pedía a un voluntario que quisiera que se lo comieran, de hecho, más allá de querer ser comido, este sujeto pidió que le arrancara el pene de una mordida y que se lo comieran juntos mientras aún estuviera vivo.

¿Cuál es la relación con el amor? Simple, uno no hace esas cosas si no hay amor de por medio. Los dos tipos fueron juzgados injustamente por sus actos, seguramente a pesar de la voluntad de sus supuestas víctimas, uno corrió con mejor suerte que el otro y logro escapar, de hecho se convirtió en un escritor bastante conocido por sus experiencias con enteógenos. El otro se está pudriendo en la cárcel por un crimen inexistente. La racionalidad del ser humano en estos tiempos se respeta menos que en cualquier otro, uno tiene derecho a ser normal y no más. Es un amor por lo que uno es y por lo que uno hace que va más allá de las convenciones sociales y del egoísmo que comúnmente se confunde por amor.

Me tomó tiempo descubrirlo y mucho más aceptarlo por venir de una familia demasiado conservadora aunque en apariencia liberal, progresista de jure sería una forma de definirlo, en donde, como para gran parte de este país, la felicidad y el status dependen de la apariencia proyectada más que de intenciones autónomas. Lo que descubrí es que me gusta el sexo violento y con fetishes, es ese en el modo en que me siento vivo, algunos tendrán la idea de que un síntoma de comodidad es no sentir nada en absoluto, yo creo en lo contrario, eso es entumecimiento, lo bello es la variación que puede lograrse llegando a los extremos de la gama sensorial de nuestro cuerpo. Normalmente la idea misma del sexo es la que genera el placer y el status que logra entre la sociedad, algunos ingenuos todavía defienden la monogamia humana y otros hablan del sexo relegándolo a un papel secundario en una búsqueda de acceso a un mejor estrato social. La crítica no viene por su sentir sino por la falta de autenticidad del mismo, las estadísticas muestran que la fidelidad es un bien raro, no inexistente, entre los seres humanos. En el caso de los hombres existen estadísticas confiables de que incluso cuidan y mantienen a hijos que no comparten sus genes, es decir, el resultado de un desliz, sólo que los deslices son mucho más frecuentes de lo que parece, y el arrepentimiento se acepta como una respuesta moral aceptable, sin tomar en cuenta todo lo que resulta de esas acciones.

Mis gustos son variados y momentáneos, me gusta ver parejas teniendo sexo, personas masturbándose, me excita pensar en chicas orinando, en verlas ir al baño, en jugar con los orines mientras nos bañamos, incluso en orinar en su cara o que orinen en la mía. Disfruto mucho el sexo oral, tanto en olor como sabor y sesaciones. Me prende que las chicas me entierren las uñas en la espalda y que me rasguñen incluso al grado de sacarme sangre, que me muerdan los labios, morderles los pezones. Me divierte la idea del sexo anal en ambas direcciones, activa y pasivamente, tengo el deseo de masturbarme y venirme en la axila de alguna chica y también el deseo de encontrar a alguna con una expansión en la oreja del suficiente tamaño y que me deje masturbarme en ella. También me gustan las orgías, quiero hacer tríos en todas las combinaciones posibles, quiero hacer el amor saltando de un avión y a más de 30 metros de profundidad en el mar, espero algún día ir a un gloryhole. No es mi intención ser descriptivo sobre los detalles de cada manifestación sino mostrar todos los matices que sin esfuerzo salen de mi cabeza.

El problema viene al notar que la mayoría de estas cosas son mal vistas socialmente y tienen que hacerse a escondidas o en clubs casi sectarios, y no me refiero a que quiera que salga en horario estelar de televisión nacional con quien me acuesto, me gusta la privacidad en muchos casos y creo que es un derecho individual que se tiene, lo que no me gusta son los riesgos que conlleva. Que los que quieren jugar un papel de moralistas empedernidos hagan sus cochinadas y nos dejen protegernos a los que nos gusta experimentar. No es comprar un condón, sino poder aceptar lo que se disfruta para que se puedan estudiar los riesgos y tomar las medidas necesarias, así como los edificios se diseñan para soportar los temblores porque está documentado que existen, es difícil diseñar las políticas y los productos de protección sexual si no se conocen las prácticas y los hechos. Es difícil que las pruebas esten al alcance de todos mientras tengan implicaciones sociales severas, es difícil cuidar los detalles higiénicos de una práctica sexual cuando al mismo tiempo se tiene que huir de familia, policias y gente indiscreta que está buscando un motivo para escandalizar y dar sabor a su aburrrida vida. Es difícil asegurar que se respeten las medidas básicas de seguridad e higiena cuando es una actividad “inexistente”. Como se puede regular la explotación sexual cuando la mitad de las manifestaciones no suceden abiertamente, como se puede proteger al individuo si se le está criminalizando incluso antes de haber comenzado.

El que a uno le guste la fuerza en las relaciones sexuales no implica que tolere las faltas de respeto o la violencia no acordada en pleno juicio, pero si el individuo no tiene derecho a mostrar su individualidad el simple hecho de hacerlo lo pone al borde del abismo de la ilegalidad. Sé que el sexo no es amor, y no lo estoy confundiendo, el hecho es que el ser humano es mucho más sexual que racional por su historia evolutiva y el amor tiene muchas manifestaciones que son vetadas por su naturaleza intrínsecamente sexual. Y la depresión es el resultado de estas limitaciones para aquella minoría que sufre estas inquietudes anormales. El amor no necesariamente es sexual pero mientras esté confundido en la mente de los censores es difícil que se haga una separación a la hora de proteger los derechos humanos, mientras la gente tenga que mantener las apariencias los problemas en las partes que se mantienen al margen, como en el caso del amor la sexualidad, serán mayores y de consecuencias funestas.

En este mundo la intolerancia es la regla y no la excepción y los que tenemos la desgracia de no tener aspiraciones tan normales seguimos siendo víctimas del proceder ajeno. La gente quita el derecho de decidir sobre la vida, y se confunde el egoísmo de otros con el comportamiento aceptable en el individuo.

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