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De viaje 06.2.12

Posted by Migsar in Vida.
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Cuando estoy lejos de casa me doy cuenta de el peso de la costumbre, de todo lo que significa dentro de nuestros actos, detalles que creemos inconexos surgen poco a poco, ligados por ataduras invisibles e irrompibles. El primer día apenas lo noté, la compañía me hace olvidar las diferencias a lo largo de mi vida, sus ojos negros y su piel canela me traen muchos recuerdos, casi todos bastante buenos, alegría, fiesta, viajes y caprichos. Un par de días después empiezo a sentir los estragos producidos por la falta de aquel opio cotidiano, despierto antes de que salga el sol, la noche anterior hubo fiesta y yo huía, de todo, de todos, la playa olía a alcohol y marihuana, me gustaba ver a todo mundo bien pero yo no pertenecía a ese mundo; quiero aclarar que no por los medios sino por los fines, me fascina perderme en la bebida y el humo, combinarlos hasta olvidar que vivo, hacerlo en compañía de iguales, física y espiritualmente, en particular, mujeres autodestructivas con un exquisito e incomprensible sentido del humor, que suele enmarcarse categóricamente como cinismo y vulgaridad, una ligereza de espíritu que se ha ido perdiendo hasta quedar disuelta en la banalidad carente de sentido que domina la cultura actual, incluída esta noche, somos totalmente incompatibles, yo busco el olvido para vivir y ellos intentaban vivir para no tener que enfrentar el olvido. Caminé un rato por la playa, alejándome de las luces y del ruido, después volví, platicamos un rato, pero yo no tenía ganas de hacer migas, así que me encerré en mi casa de campaña, duré un largo rato despierto, pensando, intentando perderme en mis ideas sin lograr abstraerme del bullicio de aquella fiesta, tiempo después entró ella, no sabría decir la hora que era, sin embargo, siempre ha sido mucho más risueña y alegre que yo y me sorprendió que entrara mientras seguía la fiesta, cruzamos un par de palabras, ahora duerme cerca de mí, al otro extremo de la casa de campaña, aunque aletargado aún conservo un dejo de consciencia y me quedo inmóvil, un largo rato, escuchando su respiración, nunca he podido dormir mucho cuando viajo y con esta ansiedad duermo aún menos. Sé que dormí porque tuve un par de sueños, aparentemente largos, sin embargo despierto antes de que amanezca, cuando me incorporo ella se inquieta pero no despierta, salgo de la casa de campaña y camino un rato, en el jardín está todo quieto pero al llegar a la playa encuentro a los últimos malabaristas activos, algunos otros ven el mar, yo me alejo, buscando conocer mejor la playa que recorrí ayer en penumbras, cuando regreso ya está despierta, salimos a correr en la playa y al terminar desayunamos, el sol ya ilumina todo aunque se encuentre todavía bajo en el cielo.

Me meto a bañar en un cuartito de madera hechizo, la puerta tiene varias rendijas y sólo una de las paredes llega hasta el techo, no hay puerta, sólo una cortina a la que le falta el último gancho pues ya se rompió el orificio en el que se sujetaba, al fondo, por uno de los lados puede verse un pedacito de mar, pensaba que el agua estaría fría pero en realidad sale tibia, en el punto exacto en que es a la vez refrescante y caliente para evitar que uno se apresure, en algún momento cierro los ojos y pienso en besos pasados y caricias que solía disfrutar, mi memoria es bastante vaga, no está acostumbrada a retener tantos detalles, casi todo es obscuridad, a veces llega el rumor del eterno vaivén de las olas que intento acompasar con el movimiento rítmico de mi mano, me quiero concentrar en la última persona con la que estuve, en recorrer su cuerpo, volver a vivir sus gestos, su sonrisa; pienso en sus piernas delgadas y firmes, lo mucho que me gustaban, recorrerlas haciendo presión con la yema de mis dedos; en sus pechos y como se endurecían sus pezones; en abrazarla por detrás, morder su cuello y disfrutar el contraste que produce su cabello lacio y negro recogido, con un rizo que se forma en los bordes hecho por cabellos mucho más cortos que el resto y su piel tan blanca, en la que se asoman algunas pecas. Han pasado varios meses, sé lo que quiero recordar, tengo las impresiones y la sensación que me producía pero no logro formar las imágenes, son sólo destellos que duran un instante y dan paso nuevamente a la obscuridad, sin embargo, por ahora bastan, hago más presión imaginando entrar más en ella, mi mano se posa en mi abdomen y empieza a recorrerlo, jugando ocasionalmente con mis vellos, intentando pensar que es alguien más quien me acaricia, súbitamente aparecen otros ojos, más antiguos que los suyos, desatan un nuevo torrente de recuerdos, una piel más morena y unos ojos más negros, un cabello igual al suyo en color pero con otras texturas. Existió más complicidad con esta nueva mirada y me pierdo en los recuerdos, después de todo no se si habrá sido la complicidad o el tiempo, pienso en lugar de dejarme llevar, baja el ritmo y vuelvo a escuchar el mar, no me gusta aceptarlo, quería viajar. Me concentró, desfilan rostros y fragmentos femeninos en mi cabeza, amigas, amantes, historias fugaces y sueños bastante palpables, busco en todas ellas algo que me permita continuar, entre esa amalgama de caderas y cinturas, de piernas, cuellos y texturas, deseos y censuras, logro terminar. Me queda una extraña sensación de soledad, intento ordenar jerárquicamente mis gustos para entender mi historia, saber si esas piernas justificaban la elección y todo lo que rechazaba al aceptarlas, nunca he dudado de que tal o cual sonrisa o mirada logró que todo valiera la pena, pero ahora pienso en que tenía de especial, era la relación lo que hacía que me encantara la sonrisa o fue esta última la que motivo la relación en primer lugar, quisiera no pensar, por un momento considero el socializar, conocer alguna chica para olvidar lo pasado y disfrutar el lugar.

En realidad no tengo ganas de hablar con nadie, quiero besos y caricias, su presencia y su calor, el contacto carnal pero soy renuente a hacerla parte de mi vida siquiera por un instante, así que al verlas caminando por la playa prefiero no acercarme y fantasear. Lleva un tatuaje colorido en un hombro, son flores tal vez, no estoy seguro, más de veinte metros nos separan, sigo acostado frente a la casa de campaña con un libro en la mano, ella se sienta en un tronco seco que ha dejado el mar, fuma un poco, se estira, se acuesta, se pone a leer; lleva un traje de baño de dos piezas, la parte de abajo es negra y la de arriba blanca, a veces pienso que me ve, atrás del tronco distingo parte de su espalda, sus hombros y su cabeza, pretendo seguir leyendo pero pienso todo el tiempo en su figura, la veo de reojo, es inquieta y al parecer tampoco se concentra, ¿piensa, como yo, en alguien más?, poco a poco empiezo a quedarme dormido por el calor, el sol y la playa, permanezco en un limbo por un rato, pensando en ella y en no sé que más, al despertar la veo alejándose en la arena, del mismo modo que la vi llegar. Horas después pasamos caminando por una esquina y la veo al voltear hacia un pequeño restaurante que se encuentra en ese lugar, es la mesera, varias veces pensamos en comer ahí pero al llegar estaba cerrado, supongo que al final son las circunstancias las que van haciendo nuestra historia, la recorro varias veces con la mirada, no creo que ella me reconozca, yo la tendré un tiempo presente. La próxima vez que me baño, un par de días después, aún conservo su figura en mi cabeza, pienso en ella y una imagen mucho más nítida empieza a tomar forma en mí, su cuerpo lo conozco, igual que sus gestos, lo suficiente, quizá superficial pero no necesito más, los detalles los tengo que inventar, de la forma que me plazca, hay temporadas en las que se debe descubrir y otras en las que es necesario soñar. Batallo un poco para conectar los pedazos, pero esta vez logro completar su figura en un recuerdo mucho más real.

Es año nuevo y cenamos en la playa, compramos dos botellas de vino, pizza frita hecha por una pareja italiana, que aunque rica parece una empanada y sirve sólo de entrada, también compramos queso, papas y un rollo de papel aluminio, de los restos de fogatas de los días pasados hemos traído algunos pedazos de leña, es madera suave que se consumirá demasiado rápido, también hay unos troncos gruesos pero no están tan secos, realmente no es una fogata planeada, durante el día las ganas de hacer mil y un cosas más apremiantes vencieron todos nuestros intentos por ir a recoger leña, por otro lado, el clima agradable hace que no sea necesario el fuego y yo disfruto mucho más de la penumbra que provee la luna. Una noche soñé con ella, que era mi pareja y vivíamos en la ciudad, se lo dije al despertar, fue un comentario rápido y sin detalles, a esas horas ya había olvidado la mayoría, no dijo nada y yo también me olvidé del tema. Ahora, después de una casi inexistente pero grata celebración de bienvenida al nuevo año en parte por la falta de preparación y en parte por vicisitudes ajenas como el cambio de horario, estamos dormidos como los días anteriores, cada uno en su mitad de la casa, pasa por mi cabeza la idea de acercame a ella, abrazarla y besarla, termino por convencerme de que sería una mala idea, no por falta de pasión sino por sobra de consciencia. Al dormirme recuerdo voces que se han quedado en mi inconsciente, conversaciones ajenas que han quedado ancladas en mi memoria, una se impone a las demás, no identifico el timbre, pero entiendo perfectamente lo que dice, es una creencia popular según la cual el primer día del año es un reflejo del año mismo y que lo que pase ese día se repetirá con abundancia el resto del año, ha sido un buen inicio por muchos motivos, falta ver como termina, sin embargo, duermo inquieto pensando en los finales alternos, quizá podría haber sido mejor, al menos diferente.

Los días siguientes, lejos de casa todavía, siempre en distinto lugar, un breve encuentro me basta para capturar algo que me ayude a viajar, una mesera, un peatón en una gran ciudad, una chica detrás de un mostrador, en la farmacia, en un museo o en el bar, unas veces pido indicaciones evidentes, para ver sus ojos, escuchar su voz o creer que conozco un poco más, otras compro algo que se que no llegaré a usar jamás. Llego a pensar que se trata de auto-sabotaje, sería incluso más fácil ir un poco más allá, dejarme llevar sin tener planes de más, perderme un rato en la ciudad, en su departamento tal vez, en un cuarto de hotel o algún rincón no tan solitario, sólo lo necesario para esa falsa sensación de intimidad, después de todo no hay mejor interacción para conocer una cultura que la que se puede dar dentro de una relación íntima, por efímera que sea, todavía más importante cuando, hablando un mismo idioma, las diferencias se hacen palpables sólo en esas pequeñas expresiones instintivas y fugaces que se dan en los momentos en que uno se olvida de si mismo para regalarse al otro, la primera mirada de complicidad, el aceptar la propuesta aún antes de que sea evidente para nosotros mismos, un escalofrío recorre la piel al sentir el contacto de unas manos completamente desconocidas que se saben con todos los privilegios, y otro incluso más intenso al saber que, gustosamente, los utilizarán; cuando cambia la respiración poco a poco, se crispan los nervios, los suspiros y las frases que se escapan nos transportan, también el sudor, olor y aliento son diferentes, estas son las verdaderas marcas que deja un lugar en nuestra memoria, cuando olvidemos el nombre del hotel en el que estabamos y los museos que visitamos, no sepamos como se llamaba ninguna calle del lugar ni como llegar de la plaza principal a cualquier otro lado, aún quedará un gesto agradable y frase en nuestra memoria con un acento extranjero que nos haga saber que vivimos, y regresar un momento al sentir en las yemas de las manos su espalda y su culo y hacer presión mientras se desvanece .

Llevabamos un par de horas ahí, era un pueblo bastante pequeño, algunas casas, un par de calles y ya está, nada más y nada menos; cuando entramos vimos a un tipo que había estado con nosotros en el camión en que llegamos, un par de fotos en la pared, de paisajes locales y otra de un equipo de futbol, uno de cuyos miembros vería al día siguiente a su lado, quise pensar que era su hermano, pero realmente no importaba, nada habría cambiado sino la familiaridad con la que soñara con ella, otra relación seguramente le quitaría cierto aire de inocencia ante mis ojos, ella era muy jovén, casi una niña, en las otras mesas no había nadie, era una habitación central y no lograba verse quien estaba en el resto las otras, las demás mesas permanecían vacías, sólo se oía el cuchicheo de la televisión en el fondo. Después llegó ella y al parecer no le hizo gracia atendernos, menos cuando sólo pedimos cervezas, es posible suponer que en un pueblo tan pequeño no hay muchos lugares para tomar, así que estaba acostumbrada a que el alimento fuera la excusa, a tratar con borrachos, a que la vieran como yo la veía, aun antes de estarlo. Su cara revelaba su edad pero el resto del cuerpo decía a gritos que se trataba de una tonta convención social y que a decir de las hormonas hacía tiempo que estaba lista, cabello negro, quebrado, a la cadera, que en este caso era prominente, exactamente la necesaria para hacer que bajara la mirada al notar la cadencia de sus paso, pechos pequeños, quizá porque su playera estaba bastante holgada al contrario que sus jeans, llevaba sandalias, detalle insignificante que me permitió ver sus pies: limpios, con dedos largos y rectos, bien formados, uñas bien cortadas y pintadas con esmero; involuntariamente pensé en si ponía tanto esmero en otras partes de su cuerpo, quise saber si se depilaría o si aún no tenía demasiado vello, si pensaba ella también en sexo cuando llegaba algún cliente en particular, si escogía la ropa interior que usaria, la imaginé en lencería aunque al instante mi mente me recordo que a ese lugar no llegarían los diseños atrevidos a los que yo estoy acostumbrado, no me importó, después de todo, así la quería en mi pensamiento. La entrada del baño estaba afuera de la construcción principal, mientras me guiaba no pude despegar los ojos de sus caderas, cuando llegamos y prendió la luz la miré asombrado, yo de ella, de su cuerpo, de sus ojos, de sus gestos, y ella de que la mirara así, sonrió y se volvió a meter a la casa. Al salir del lugar la luna estaba casi llena, deseé por un momento estar soñando, poder mezclar en mi incosciente ficción y realidad para combinar atmósfera y comportamiento, me gustaban las calles vacías, el río cercano y su fluir arrullante, el silencio imperante y las montañas que brillaban con la tenue luz de luna, quería dormir con ella, quise encontrarme en la ciudad, saberla una de aquellas chicas libertinas que a cambio de unas palabras bonitas me compartiría una noche de placer, que, como yo, sabía que el amor no dura y que valía más el instante, eterno e inconsecuente; que, a la mañana siguiente se alejaría sin saber mi nombre y sin importale ignorarlo, consciente de su trascendencia en mi destino, sin engaños, sin promersas, sin traiciones. Al cerrar los ojos la imaginé bañándose conmigo, su cuerpo juvenil de piel lisa y perfecta, color café con leche; la tomaba por la cadera, abrazándola y atrayéndola hacia mí mientras los dos arqueábamos nuestros cuerpos ligeramente, sentía sus pezones en mi pecho, dejando surcos imaginarios en mis sentidos; bajaba mis manos un poco y ella cruzaba sus brazos bajo los míos, tomándome de los hombros con fuerza y jalándome hacia ella, ahora sentía su carne, que suavemente se pegaba contra todo mi cuerpo, ella se movía rítmicamente con el pulso de mi erección, atrapándome entre sus muslos; poco después la levantaba, ella respondía rodeándome con sus piernas, mordía su cuello mientras la besaba, la apoyaba contra la pared, presionando cada vez más fuerte, queriendo en cada impulso unir nuestros cuerpos. Salí del baño un poco ausente y me puse a caminar por el pueblo, intentando distraerme para no pensar más en nada, en el fondo, quería dormir un poco más y soñarla.

Cada una de las veces siguientes el detonante podía ser cada vez más breve pero la experiencia era demasiado compleja, mi memoria se había hecho a la idea de guardar los detalles, como gemas cuyo uno fin es un destello que deslumbre al iluso, en un espejismo que, después de todo, va llenando la vida. Me preguntaba constantemente si no era esta una posición conformista, una excusa para no tomar riesgos y me convencía, solo también, de que era la única postura posible que respetara la voluntad y autonomía de ambos involucrados, que mis ideas eran por definición contrarias a las suyas y no hacía falta preguntar, ha pasado el tiempo, y tengo recuerdos gratos que nunca sucedieron, intrincadas fantasías que consumieron gran parte de mi vida, no son ya una imagen sino una realidad. Estoy en casa, en la computadora pongo algún video, de repente me pregunto en dónde estaría de haber preguntado a alguna de ellas cual era su realidad, me aburro, no logro retener su rostro en su mente, menos su cuerpo, un click y paso a la siguiente.

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